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 1855:Carta del Jefe Suwamish a Franklin Pierce(presidente E.E.U.U. en 1855)

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Pictolino & G.
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MensajeTema: 1855:Carta del Jefe Suwamish a Franklin Pierce(presidente E.E.U.U. en 1855)   Mar 13 Dic - 17:57:07

Publicado por roberator, el 19 de Enero de 2010 a las 21:00

En1855, el presidente de los E.E.U.U. le hizo a una tribu indígena la propuesta de comprar sus territorios y concederles una reserva.
El Jefe Seattle,de la tribu de los Suwamish le envió esta carta como respuesta.
Esta carta ha sido considerada como uno de los más bellos y profundos escritos hechos en defensa del medio ambiente.
Es largo,pero merece la pena leerlo.

"El Gran Jefe de Washington manda decir que desea comprar nuestras tierras.
El Gran Jefe también nos envía palabras de amistad y buena voluntad.
Apreciamos esta gentileza porque sabemos que poca falta le hace, en cambio, nuestra amistad.

Vamos a considerar su oferta, pues sabemos que, de no hacerlo, el hombre blanco podrá venir con sus armas de fuego y tomarse nuestras tierras. El Gran Jefe de Washington podrá confiar en lo que dice el Jefe Seattle con la misma certeza con que nuestros hermanos blancos podrán confiar en la vuelta de las estaciones. Mis palabras son inmutables como las estrellas.

¿Cómo podéis comprar o vender el cielo, el calor de la tierra?
Esta idea nos parece extraña. No somos dueños de la frescura del aire ni del centelleo del agua. ¿Cómo podríais comprarlos a nosotros? Lo decimos oportunamente. Habeis de saber que cada partícula de esta tierra es sagrada para mi pueblo. Cada hoja resplandeciente, cada playa arenosa, cada neblina en el oscuro bosque, cada claro y cada insecto con su zumbido son sagrados en la memoria y la experiencia de mi pueblo. La savia que circula en los árboles porta las memorias del hombre de piel roja.

Los muertos del hombre blanco se olvidan de su tierra natal cuando se van a caminar por entre las estrellas. Nuestros muertos jamás olvidan esta hermosa tierra porque ella es la madre del hombre de piel roja. Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las fragantes flores son nuestras hermanas; el venado, el caballo, el águila majestuosa son nuestros hermanos. Las praderas, el calor corporal del potrillo y el hombre, todos pertenecen a la misma familia. "Por eso, cuando el Gran Jefe de Washington manda decir que desea comprar nuestras tierras, es mucho lo que pide. El Gran Jefe manda decir que nos reservará un lugar para que podamos vivir cómodamente entre nosotros. El será nuestro padre y nosotros seremos sus hijos. Por eso consideraremos su oferta de comprar nuestras tierras.
Mas, ello no será fácil porque estas tierras son sagradas para nosotros.
El agua centelleante que corre por los ríos y esteros no es meramente agua sino la sangre de nuestros antepasados. Si os vendemos estas tierras, tendréis que recordar que ellas son sagradas y deberéis enseñar a vuestros hijos que lo son y que cada reflejo fantasmal en las aguas claras de los lagos habla de acontecimientos y recuerdos de la vida de mi pueblo. El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre.

Los ríos son nuestros hermanos, ellos calman nuestra sed. Los ríos llevan nuestras canoas y alimentan a nuestros hijos. Si os vendemos nuestras tierras, deberéis recordar y enseñar a vuestros hijos que los ríos son nuestros hermanos y hermanos de vosotros; deberéis en adelante dar a los ríos el trato bondadoso que daréis a cualquier hermano.

Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestra manera de ser. Le da lo mismo un pedazo de tierra que el otro porque él es un extraño que llega en la noche a sacar de la tierra lo que necesita. La tierra no es su hermano sino su enemigo. Cuando la ha conquistado la abandona y sigue su camino.
Deja detrás de él las sepulturas de sus padres sin que le importe.
Despoja de la tierra a sus hijos sin que le importe. Olvida la sepultura de su padre y los derechos de sus hijos. Trata a su madre, la tierra, y a su hermano el cielo, como si fuesen cosas que se pueden comprar, saquear y vender, como si fuesen corderos y cuentas de vidrio. Su insaciable apetito devorará la tierra y dejará tras sí sólo un desierto.

No lo comprendo. Nuestra manera de ser es diferente a la vuestra. La vista de vuestras ciudades hace doler los ojos al hombre de piel roja. Pero quizá sea así porque el hombre de piel roja es un salvaje y no comprende las cosas. No hay ningún lugar tranquilo en las ciudades del hombre blanco, ningún lugar donde pueda escucharse el desplegarse de las hojas en primavera o el orzar de las alas de un insecto. Pero quizá sea así porque soy un salvaje y no puedo comprender las cosas. El ruido de la ciudad parece insultar los oídos. ¿Y qué clase de vida es cuando el hombre no es capaz de escuchar el solitario grito de la garza o la discusión nocturna de las ranas alrededor de la laguna? Soy un hombre de piel roja y no lo comprendo. Los indios preferimos el suave sonido del viento que acaricia la cala del lago y el olor del mismo viento purificado por la lluvia del mediodía o perfumado por la fragancia de los pinos.

El aire es algo precioso para el hombre de piel roja porque todas las cosas comparten el mismo aliento: el animal, el árbol y el hombre. El hombre blanco parece no sentir el aire que respira. Al igual que un hombre muchos días agonizante, se ha vuelto insensible al hedor. Mas, si os vendemos nuestras tierras, debéis recordar que el aire es precioso para nosotros, que el aire comparte su espíritu con toda la vida que sustenta. Y, si os vendemos nuestras tierras, debéis dejarlas aparte y mantenerlas sagradas como un lugar al cual podrá llegar incluso el hombre blanco a saborear el viento dulcificado por las flores de la pradera.

Consideraremos vuestra oferta de comprar nuestras tierras. Si decidimos aceptarla, pondré una condición: que el hombre blanco deberá tratar a los animales de estas tierras como hermanos. Soy un salvaje y no comprendo otro modo de conducta. He visto miles de búfalos pudriéndose sobre las praderas, abandonados allí por el hombre blanco que les disparó desde un tren en marcha. Soy un salvaje y no comprendo como el humeante caballo de vapor puede ser más importante que el búfalo al que sólo matamos para poder vivir. ¿Qué es el hombre sin los animales? Si todos los animales hubiesen desaparecido, el hombre moriría de una gran soledad de espíritu. Porque todo lo que ocurre a los animales pronto habrá de ocurrir también al hombre. Todas las cosas están relacionadas ente sí.

Vosotros debéis enseñar a vuestros hijos que el suelo bajo sus pies es la ceniza de sus abuelos. Para que respeten la tierra, debéis decir a vuestros hijos que la tierra está plena de vida de nuestros antepasados. Debéis enseñar a vuestros hijos lo que nosotros hemos enseñados a los nuestros: que la tierra es nuestra madre. Todo lo que afecta a la tierra afecta a los hijos de la tierra. Cuando los hombres escupen el suelo se escupen a sí mismos.

Esto lo sabemos: la tierra no pertenece al hombre, sino que el hombre pertenece a la tierra. El hombre no ha tejido la red de la vida: es sólo una hebra de ella. Todo lo que haga a la red se lo hará a sí mismo. Lo que ocurre a la tierra ocurrirá a los hijos de la tierra. Lo sabemos. Todas las cosas están relacionadas como la sangre que une a una familia.

Aún el hombre blanco, cuyo Dios se pasea con él y conversa con el -de amigo a amigo no puede estar exento del destino común-. Quizá seamos hermanos, después de todo. Lo veremos. Sabemos algo que el hombre blanco descubrirá algún día: que nuestro Dios es su mismo Dios. Ahora pensáis quizá que sois dueños de nuestras tierras; pero no podéis serlo. El es el Dios de la humanidad y Su compasión es igual para el hombre blanco. Esta tierra es preciosa para El y el causarle daño significa mostrar desprecio hacia su Creador. Los hombres blancos también pasarán, tal vez antes que las demás tribus. Si contamináis vuestra cama, moriréis alguna noche sofocados por vuestros propios desperdicios. Pero aún en vuestra hora final os sentiréis iluminados por la idea de que Dios os trajo a estas tierras y os dio el dominio sobre ellas y sobre el hombre de piel roja con algún propósito especial. Tal destino es un misterio para nosotros porque no comprendemos lo que será cuando los búfalos hayan sido exterminados, cuando los caballos salvajes hayan sido domados, cuando los recónditos rincones de los bosques exhalen el olor a muchos hombres y cuando la vista hacia las verdes colinas esté cerrada por un enjambre de alambres parlantes.

¿Dónde está el espeso bosque? Desapareció. ¿Dónde está el águila? Desapareció. Así termina la vida y comienza la supervivencia...."

Esta es la única foto que hay del jefe Seattle.
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Espero que os haya gustado,a mi si que lo hizo, por eso lo quería compartir con vosotros.
Un saludo
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flanado
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MensajeTema: Re: 1855:Carta del Jefe Suwamish a Franklin Pierce(presidente E.E.U.U. en 1855)   Mar 13 Dic - 18:03:54

Joder (con perdón), esto si que es amor a la madre
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Deckard
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MensajeTema: Re: 1855:Carta del Jefe Suwamish a Franklin Pierce(presidente E.E.U.U. en 1855)   Miér 14 Dic - 9:32:36

P.y.G. escribió:

¿Cómo
podéis comprar o vender el cielo, el calor de la tierra? Esta idea nos
parece extraña. No somos dueños de la frescura del aire ni del centelleo
del agua. ¿Cómo podríais comprarlos a nosotros?

Esta carta la leí cuando estaba en el instituto y tenía unos 15 años más o menos, una fotocopia recibida de manos de un compañero que la guardaba celosamente en su carpeta clasificadora, para él, era casi como la biblia, en ella se dicen verdades como puños.
La verdad que esa parte que señalo, siempre me resultó demoledora....
Gracias por recordármela, hay cosas que nunca se olvidan, y por lo que veo, otros tampoco.. cheers
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LOBOLIBRE
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MensajeTema: Re: 1855:Carta del Jefe Suwamish a Franklin Pierce(presidente E.E.U.U. en 1855)   Miér 14 Dic - 10:47:37

Una señora carta, siempre me ha gustado ,es la esencia de lo que deveria ser logico para cualquier persona con intenciones buenas
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sadry
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MensajeTema: Re: 1855:Carta del Jefe Suwamish a Franklin Pierce(presidente E.E.U.U. en 1855)   Miér 14 Dic - 11:22:28

Gracias P.G por traernos y recordanos las palabras de este sabio, como la de tantos otros que sin conocer, ni deseearlo, de nuestras malas costumbre nos enseñan las verdades y principios del respeto hacia lo primordial y principal, la vida.

Hace tiempo tambien lei esta carta y me puse a investigar y por lo visto esta version fue escrita en 1960 por Ted Perry y modificada posteriormente en 1976.

Buscando por san google encontre esta que segun dicen es la original transcrita por el periodico seathle sunday star el 29 octubre de 1887.

Lo que no deja desde luego de quitarle verdad, sabiduria y respeto al gran jefe indio schweabe, descendiente suaquamish.

He
allí el cielo que ha llorado lágrimas de compasión sobre mi pueblo
durante incontables siglos y que, aunque nos pueda parecer inmutable y
eterno, puede cambiar. Hoy está despejado. Mañana puede estar encapotado
con nubes.


Mis palabras son como las estrellas que nunca cambian. Cualquier cosa que diga , el gran jefe en Washington puede confiar en ello tanto como él pueda confiar en el regreso del sol o de las estaciones.


El jefe blanco dice que el Gran Jefe en Washington nos envía saludos
de amistad y buena voluntad. Esto es muy amable de su parte ya que
sabemos que él necesita poco de nuestra amistad. Son muchas sus gentes.
Son como la hierba que cubre vastas praderas. Mi gente es poca. Se
asemejan a los pocos árboles que se encuentran esparcidos en una pradera
azotada por una tormenta. El gran, y presumo – buen, Jefe Blanco dice
que desea comprar nuestra tierra pero que, al mismo tiempo, nos deja
suficiente para que vivamos confortablemente. Verdaderamente esto parece
ser justo, y aún generoso, ya que el Hombre Rojo no tiene más derechos
que él necesite respetar, y la oferta también parece ser sabia ya que no
necesitamos más un territorio extenso.


Hubo un tiempo en el que nuestra gente cubría la tierra como las
olas en un mar encrespado por el viento cubren el fondo cubierto de
conchas, pero ese tiempo hace mucho que desapareció junto con la
grandeza de las tribus que ahora son apenas un recuerdo doloroso. No
trataré el tema, ni lloraré sobre eso, de nuestra desaparición a tiempo,
ni voy a reprochar mis hermanos cara pálida con haberla acelerado,
porque también nosotros somos en algo responsables de ella.


La juventud es impulsiva. Cuando nuestros jóvenes se enojan por
alguna injusticia real o imaginaria, y se desfiguran sus caras con
pintura negra, denotan que sus corazones son negros, y que con
frecuencia son crueles e implacables, y nuestros viejos y viejas son
incapaces de moderarlos. Así siempre ha sido. Así fue cuando el hombre
blanco empezó a empujar a nuestros antepasados hacia el oeste. Pero
esperemos que nunca regresen las hostilidades entre nosotros. Tendríamos
todo que perder y nada que ganar. Los jóvenes consideran como ganancia a
la venganza, aún al costo de sus propias vidas, pero los viejos [que
permanecen] en casa en momentos de guerra, y las madres que tienen hijos
que perder, saben que no es así.


Nuestro buen padre en Washington—ya que presumo que ahora es nuestro
padre al igual que suyo, ya que el Rey George ha movido sus fronteras
más hacia el norte—nuestro gran y buen padre, digo, nos envía el mensaje
de que si hacemos como él desea, él nos protegerá. Sus bravos guerreros
serán para nosotros como una erizada pared de fortaleza, y sus
maravillosos barcos de guerra llenarán nuestros puertos, para que
nuestros antiguos enemigos más al norte—los Haidas y Tsimshians -- cesen
de asustar a nuestras mujeres, niños, y viejos. Realmente él será
nuestro padre y nosotros sus hijos.


Pero, ¿puede eso suceder alguna vez? ¡Su Dios no es nuestro Dios!
¡Su Dios ama a su gente y odia a la mía! Él pliega amorosamente sus
fuertes brazos protectores alrededor del cara pálida y lo conduce por la
mano como un padre conduce a un hijo infante. Pero, Él ha desamparado a
Sus hijos Rojos, si realmente son Suyos. Nuestro Dios, el Gran
Espíritu, parece que también nos ha abandonado. Su Dios hace que su
gente se haga más fuerte cada día. Pronto ellos llenarán todas las
tierras.


Nuestro pueblo está menguando como una marea que retrocede
rápidamente y que nunca regresará. El Dios del hombre blanco no puede
amar a nuestra gente o Él los hubiera protegido. Ellos parecen huérfanos
que no tienen donde buscar ayuda. ¿Cómo, entonces, podemos ser
hermanos? ¿Cómo puede su Dios llegar a ser nuestro Dios y renovar
nuestra prosperidad y despertar en nosotros sueños de una grandeza que
regresa? Si tenemos un Padre Celestial común, Él debe estar
parcializado, porque Él vino hacia Sus hijos cara pálida.


Nosotros nunca lo Vimos. Él les dió leyes pero no tuvo palabras para
Sus niños rojos cuyas prolíficas multitudes una vez llenaban este vasto
continente como las estrellas llenan el firmamento. No; somos dos razas
diferentes con orígenes diferentes y destinos separados. Hay muy poco
en común entre nosotros.


Para nosotros, las cenizas de nuestros antepasados son sagradas y su
lugar de reposo es terreno reverenciado. Ustedes se alejan de las
tumbas de sus antepasados y aparentemente sin pena. Su religión fue
escrita sobre lápidas de piedra por el dedo de hierro de su Dios para
que así ustedes no pudieran olvidar.


El Hombre Rojo nunca podría comprender o recordarlo. Nuestra
religión es las tradiciones de nuestros antepasados – los sueños de
nuestros hombres viejos, dados en las horas solemnes de la noche por el
Gran Espíritu; y las visiones de nuestros jefes, y está escrita en los
corazones de nuestra gente.


Sus muertos dejan de amarlos y la tierra natal tan pronto como
traspasan los portales de la tumba y vagan más allá de las estrellas.
Ellos pronto son olvidados y nunca regresan.


Nuestros muertos nunca olvidan este hermoso mundo que les dió vida.
Ellos todavía aman a sus verdes valles, sus rumorosos ríos, sus
magníficas montañas, sus apartadas cañadas y lagos y bahías bordeados de
verde, y siempre suspiran con un tierno y cariñoso afecto por los seres
vivos de corazones solitarios, y con frecuencia regresan del feliz coto
de caza para visitarlos, guiarlos, consolarlos, y confortarlos.


Día y noche no pueden convivir. El Hombre Rojo siempre ha rehuido
los acercamientos del Hombre Blanco, como la neblina matutina huye antes
que aparezca el sol de la mañana. Sin embargo, su proposición parece
justa y creo que mi gente la aceptará y se retirará a la reservación que
usted le ofrece. Entonces, viviremos separados en paz, ya que las
palabras del Gran Jefe Blanco parecen ser las palabras de la naturaleza
que hablan a mi gente desde la densa oscuridad.


Importa poco donde pasemos el resto de nuestro días. No serán muchos. La noche del
indio promete ser oscura. Ni siquiera una simple estrella revolotea en su
horizonte. Vientos de voz triste se lamentan en la distancia. Un triste
destino parece estar en el camino del Hombre Rojo, y donde quiera
escuchará los pasos que se aproximan de su cruel destructor y se prepara
impasiblemente a enfrentar su destino, como hace el antílope herido que
escucha los próximos pasos del cazador.


Una pocas lunas más, unos pocos inviernos más, y ninguno de los
descendientes de los poderosos espíritus que alguna vez se movían por
esta amplia tierra o vivían en hogares felices, protegidos por el Gran
Espíritu, permanecerá para llorar sobre las tumbas de un pueblo que una
vez fue más poderoso y con más esperanzas que el suyo.


Pero, ¿por qué debo llorar sobre el destino a destiempo de mi
pueblo? Tribus siguen a tribus, y naciones siguen a naciones, como las
olas del mar. Es el órden de la naturaleza, y lamentarse es inútil. Su
momento de decadencia puede estar distante, pero seguramente llegará,
porque aún el Hombre Blanco cuyo Dios caminó y habló con él como un
amigo a otro, no puede estar exonerado del destino común. Puede que
seamos hermanos, después de todo. Veremos.


Estudiaremos su proposición y cuando hayamos decidido, se lo haremos
saber. Pero, si la aceptamos, yo aquí y ahora pongo esta condición, que
no se nos niegue el privilegio, sin molestarnos, de visitar en
cualquier momento las tumbas de nuestros ancestros, amigos, e hijos.
Cada parte de este suelo es sagrado en la consideración de mi pueblo.
Cada ladera, cada valle, cada pradera y huerto, ha sido consagrada por
algún triste o feliz evento en días hace tiempo desaparecidos.


Aún las rocas, que parecen ser mudas y muertas ya que se tuestan en
sol a lo largo de la costa silenciosa, están llenas con las memorias de
eventos excitantes conectados con las vidas de mi gente, y el mismo
polvo sobre el cual ustedes se encuentran responde con más amor a
nuestras pisadas que a las suyas, debido a que ha sido enriquecido por
la sangre de nuestros antepasados, y nuestros pies desnudos son
conscientes del toque simpatético. Nuestros difuntos, bravos, amadas
madres, alegres y felices doncellas, y aún los niños que vivieron aquí y
se regocijaron aquí por una breve estación, amarán estas soledades
sombrías y, durante la caída de la tarde, ellos recibirán a los
tenebrosos espíritus que regresan.


Y, cuando el último Hombre Rojo haya perecido, y la memoria de mi
tribu se haya convertido en un mito entre el Hombre Blanco, estas playas
estarán repletas de muertos invisibles de mi tribu, y cuando los hijos
de sus hijos se crean solos en el campo, la tienda, el taller, en la
carretera, o en el silencio de los bosques sin senderos, ellos no
estarán solos. En toda la tierra no hay lugar dedicado a la soledad. En
la noche, cuando las calles de sus ciudades y pueblos estén silenciosas y
ustedes crean que estén desiertas, ellas estarán atestadas con los
huéspedes que regresan y que una vez las llenaban y que todavía aman
esta hermosa tierra. El Hombre Blanco nunca estará solo.


Que él sea justo y trate amablemente a mi gente, porque los muertos no son impotentes.

Gracias y saludos
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MensajeTema: Re: 1855:Carta del Jefe Suwamish a Franklin Pierce(presidente E.E.U.U. en 1855)   Miér 14 Dic - 12:40:16

Gracias por compartirlo. Esta carta tiene el espíritu real de las personas que vivían en consonancia con la tierra y dónde ellos pertenecían a la tierra y no la tierra a ellos. Un saludo.
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MensajeTema: Re: 1855:Carta del Jefe Suwamish a Franklin Pierce(presidente E.E.U.U. en 1855)   Vie 23 Dic - 6:25:15

Esta carta ha sido una sorpresa, no la conocia. Me llama mucho la atención como acaba, ya que después de acatar las palabras del hombre blanco (por que no tiene más remedio) le envia una amenaza.

La anterior carta la utilizo en clase con mis alumnos y les impresiona mucho. Espero que les haga pensar un poco.

Un saludo y BON NADAL
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MensajeTema: Re: 1855:Carta del Jefe Suwamish a Franklin Pierce(presidente E.E.U.U. en 1855)   Dom 25 Dic - 13:00:04

Un mensaje de humanidad y de una consciencia armonizada con la naturaleza.

Sencillamente emotiva.

Saludos.
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MensajeTema: Re: 1855:Carta del Jefe Suwamish a Franklin Pierce(presidente E.E.U.U. en 1855)   Dom 25 Dic - 17:44:53

Bien traida, en estos días que parece que nos da por pensar un poquito más en la espiritualidad de las cosas.
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MensajeTema: Re: 1855:Carta del Jefe Suwamish a Franklin Pierce(presidente E.E.U.U. en 1855)   Dom 25 Dic - 18:49:04

Gracias por compartirla y recordarla, hace tiempo que no la leía y viene bien no olvidarla.
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MensajeTema: Re: 1855:Carta del Jefe Suwamish a Franklin Pierce(presidente E.E.U.U. en 1855)   Mar 27 Dic - 13:05:35

Gracias por compartir esta carta.

El premio Novel José Saramago, en una entrevista, dijo que la persona más sabia que había conocido era su abuelo. Cuando le comunicaron que tenía que ser ingresado en un hospital de Lisboa, se fue al bosque por donde diariamente paseaba y llorando se despidió de los arboles. Murió en dicho hospital

Desgraciadamente tenemos mucho que aprender de lo ya olvidado.


Un cordial saludo a todos y Felices fiestas.


F. Javier
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Frej
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MensajeTema: Re: 1855:Carta del Jefe Suwamish a Franklin Pierce(presidente E.E.U.U. en 1855)   Mar 27 Dic - 14:11:52

Tremendamente emotivo, hace que se te escape la lagrimilla.
Una pena que se hayan perdido tantas tradiciones con la evolución del ser humano.

Yo debo ser también un poco salvaje, porque no entiendo nada.
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tosami
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MensajeTema: Re: 1855:Carta del Jefe Suwamish a Franklin Pierce(presidente E.E.U.U. en 1855)   Mar 27 Dic - 21:04:09

Fantástica carta que tendría que enseñarse en todos los colegios del mundo para que la gente se conciencie mejor de lo que somos y tenemos
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MensajeTema: Re: 1855:Carta del Jefe Suwamish a Franklin Pierce(presidente E.E.U.U. en 1855)   Hoy a las 2:56:22

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